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fecha: 17/05/2012 última actualización: 15/05/2012

Con planta de cruz latina muy acusada, de tres naves en el espacio del aula, cabecera con deambulatorio y capillas radiales, está construida con técnicas y decoraciones de distintos momentos dentro de la tradición gótica. Más adelante se explican las distintas técnicas constructivas en relación con la evaluación estructural del edificio.
Con geometría basada en el decágono, consta de un deambulatorio con cinco tramos trapeciales que dan entrada a otras tantas capillas absidales, de traza también hemidecagonal las tres centrales y trapezoidales las dos extremas, que se abren a los brazos del crucero, en una composición espacial muy interesante.
Las capillas absidales se iluminan en tres de sus lados con ventanales de tracería que asoman al paso de ronda, encuadradas entre los contrafuertes de sus bóvedas. Las capillas trapezoidales sólo presentan una ventana, también sobre ese paso. Así resultan bien iluminados unos espacios que, por otra parte, quedan encastrados en los muros macizos y ciegos que forman parte de la muralla.
Todos los espacios se cubren con bóvedas de crucería, los tramos del deambulatorio y las capillas extremas con bóvedas simples, cuatripartitas, y los absidiolos con bóvedas hexapartitas de plementos correspondientes a cada lado de la capilla y a su entrada.
Al exterior la girola se acusa escasamente, si no es por el juego de los contrafuertes y ventanas sobre la muralla, ya que ésta se esconde casi totalmente tras los edificios de servicios adosados. De este modo, resulta difícil entender la configuración espacial de esta parte del edificio desde fuera de la Catedral.
Por el contrario, el transepto sí se acusa como una estructura de poderosa forma al exterior: la gran diferencia de alturas de la nave central del transepto con las capillas laterales y la propia girola, hacen que su volumen sea muy visible sobre las cubiertas de éstas, en la forma de una gran masa de construcción de piedra, mayormente en fábrica mampuesta y en algunas zonas de sillería, animada con sus contrafuertes adosados.
Esta gran nave es interiormente también un espacio muy notable, alto y estrecho, cuya apreciación resulta hoy difícil por la censura visual que suponen los soarcos del contrarresto de los que luego hablaremos.
Está compuesto por tres tramos en cada uno de sus brazos, norte y sur, que dan acceso a las capillas y al deambulatorio.
En los extremos de este gran crucero y en su lado oriental, se disponen sendas capillas rectangulares que quedan encastradas en dos torreones de impresionante fábrica de mampostería. Estas capillas, contrariamente a las de la girola, se abren al exterior por ventanas saeteras muy altas y de mucho derrame hacia el interior, por lo que son espacios muy oscuros. El cubo meridional, en todo caso, se encuentra hoy oculto por la construcción de la Sacristía, por lo que no puede apreciarse la que sería impresionante composición de la delicada girola enmarcada por los enormes torreones de los extremos.
Las bóvedas de las capillas son, en todo caso, similares en traza y técnica constructiva a las de la girola: ojivales cuatripartitas construidas en sillería. Las de la nave mayor, por su parte, son también de crucería, pero de mayor amplitud y ligereza, con arcos fajones y ojivas de menor sección y plementos más delgados que los de las bóvedas inferiores.
La iluminación de la gran nave se hace a través de seis ventanas en el muro este, de las que las dos de cada extremo son de construcción muy reciente, debidas a la obra del restaurador M. Lorente. En los testeros norte y sur se encuentran sendos óculos, el meridional compuesto con tres arquillos inferiores, que son también espúreos, y debidos al mismo arquitecto.
De un modo similar a la volumetría del transepto, el aula, de tres naves con cinco tramos, tiene en su nave central una altura mucho mayor que en las laterales, produciendo otra vez un volumen muy destacado al exterior, que forma con el transepto una gran cruz latina.
Las naves laterales tienen capillas encastradas entre los arranques de los estribos de los arbotantes superiores, algunas prominentes al exterior, otras poco más que un nicho entre éstos. Se cubren con bóvedas ojivales, otra vez de técnica muy similar a las de la girola: tetrapartitas y de robustos arcos de apoyo, con espesos plementos de sillería.
Por su parte, la nave central se cubre otra vez con bóvedas sutiles, ojivales sencillas excepto en el primer tramo de pies, donde aparece una bóveda reconstruida en el Siglo XVII, con terceletes y ligaduras y sobre arcos de menor sección resistente.
En cuanto a la iluminación, las naves inferiores tienen ventanas apuntadas en el lado sur, sobre la plaza e intramuros, por tanto, resguardadas de la violencia exterior, y un pequeño óculo en el lado norte.
Por su parte, la nave central también ha sufrido una fuerte alteración de su orden de ventanales, de la mano del mismo Lorente: el primer tramo desde los pies no tiene abierto huecos en sus muros norte y sur, pero sí un gran óculo en el testero occidental; del segundo al cuarto tramos, seis óculos pequeños iluminan la nave (los cuatro más occidentales abiertos por Lorente y el más oriental del lado Norte reabierto por el mismo); y en el tramo inmediato anterior al crucero se presentan dos ventanales apuntados, muy estrechos y altos, a norte y sur.