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fecha: 10/09/2010 última actualización: 08/09/2010

Foto Izquierda:Cuando se sustituyen las bóvedas de madera por las de piedra, fue necesaria la introducción de contrafuertes para contrarrestar los empujes. En la fotografía, vista de los contrafuertes de la nave meridional.
Plantas siglo XV:
Plantas siglo XVI:El 7 de octubre de 1496 se otorgó la bula de traslación de la Colegiata de Armentia a Vitoria, aunque el cumplimiento de la misma se retrasó hasta el 14 de febrero de 1498. Santa María, simple parroquia hasta esa fecha, se convertirá de esta manera en Iglesia Colegial, a través de una operación llevada a cabo por la oligarquía vitoriana "para prestigiar su ciudad y convertirla en centro eclesiástico del territorio" en opinión del prof. J.R. Díaz de Durana. Como ha señalado este profesor de la Universidad del País Vasco, con el traslado de la Colegiata a Santa María se trataba "en primer lugar, de destacar a Vitoria como un espacio urbano, un sujeto político y un espacio eclesiástico (...) lo cual... resalta todavía más la grandeza de la propia ciudad que alcanza de este modo, desde el punto de vista eclesiástico, el rango más próximo al de sede episcopal".
Este acontecimiento histórico explicará y justificará el proceso de "engrandecimiento" y "embellecimiento" que se llevará a cabo en Santa María a fines del siglo XV y durante toda la centuria siguiente y que, como veremos, será el "responsable" en buena medida de los males que aquejan actualmente a la catedral.
La actividad constructiva, fundamentalmente durante el siglo XVI, es frenética: se construyen la torre, el coro, las capillas de San Juan, de la Inmaculada Concepción, Altar del Cristo, San Roque, San Marcos, de los Reyes, San Bartolomé, San José, San Prudencio, de la Piedad, magníficos sepulcros como los de los Ortiz de Caicedo, don Cristóbal Martínez de Alegría, don Martín Sáez de Salinas, etc.
Hubo además otras intervenciones de carácter estructural que, aunque menos aparentes desde el punto de vista artístico o estético, fueron sin embargo, infinitamente más decisivas para el futuro del edificio catedralicio. Durante los siglos XV y XVI, en efecto, se van levantando los tramos superiores no rematados en la fase anterior, se procede a la construcción de bóvedas de piedra en los nuevos tramos y a la sustitución de las bóvedas lígneas en los antiguos. Estos siglos son los responsables, en buena medida, de los problemas estructurales del edificio. Las centurias siguientes se limitarán a luchar contra los problemas generados precisamente en este momento. Al imponer al edificio unas cargas para las que no había sido diseñado -substituyendo bóvedas de madera por obra de fábrica- comenzará su imparable proceso de deformaciones y lesiones que, todavía hoy en día, llaman tanto la atención.